Occitania y Perigord en autocaravana

Occitania y Perigord en autocaravana

En esta ocasión os ofrecemos un exhaustivo e intenso viaje por el interior de Francia. El paraíso de las autocaravanas para viajar en familia. Aprovechando campings baratos, utilizando la red de France-Pasión, viendo pueblos y llegando a lugares apartados del turismo masificado. Un relato encantador que demuestra el buen gusto y la sensibilidad de esta familia.
Gracias Javier, Pepa, Denisa y Wanda, pues la perrita también fue protagonista de esta maravillosa aventura.

Excursión por Occitania y Perigord (agosto-septiembre). 10 días

Día 1.

 Salimos de Torrent (Valencia) algo retrasados, a las 5:30 de la tarde. Cosas de la inexperiencia. Teníamos intención de entrar en Francia hoy mismo, pero no lo vemos muy claro. Así que enfilamos hacia el norte por la AP7 sin saber donde daremos con nuestros huesos esa noche. Vamos cuatro, Pepa, yo mismo (Javier), nuestra hija Denisa (11 años), y Wanda, una perrita Yorkshire que viaja en su caja.

  

Aunque no tenemos ninguna experiencia en conducir autocaravanas, pronto comprobamos que es más fácil de lo que parece. Mientras vas por autopista, se comporta como un vehículo normal, tan sólo un poco más lento; cuando entras en poblaciones con calles estrechas has de vigilar tu derecha para no llevarte ninguna esquina por delante, pero le coges el truco en media hora. A partir de Tarragona vamos trasteando con el GPS para valorar posibles lugares para pernoctar. Finalmente decidimos llegar hasta L’Escala, aunque sea tarde. Llegamos al camping Neus poco antes de las 12. Hacemos nuestra primera cena en la AC y nos vamos a dormir. El camping no es nada del otro mundo pero son amables y las instalaciones correctas (tienen conexión wifi en el bar); esta lleno de extranjeros bien aposentados para pasar el mes.

Día 2

Estamos cansados del día anterior por lo que nos quedamos un poco más de la cuenta en la cama. Wanda se queja y no quiere caminar, por lo que nos tememos que se haya hecho mal subiendo y bajando del vehículo. Encontramos un veterinario y nos da un diagnóstico bastante diferente: atracón. La noche antes no encontramos su comida y le dimos una salchicha, que por supuesto se zampó de un bocado. Le pone una inyección y nos advierte que si vamos hacia Francia tengamos cuidado con las garrapatas, pues son muy frecuentes en las zonas rurales y pueden transmitir la lexomaniosis. Bueno es saberlo.

Entramos en Francis y, tras pasar Perpiñan, enfilamos hacia las gargantas del Galamus, para pasar por Alet-les-Bains, un pequeño pueblo donde habíamos estado algunos años atrás y del que guardábamos un buen recuerdo. Estaba igual, con su abadía gótica medio en ruinas, su puente medieval, sus termas y sus calles estrechas. L’hospederie de l`évéqué, el pequeño hotel donde habíamos dormido en la ocasión anterior, seguía como entonces: con el jardín decadente a la orilla del río, las gallinas correteando entre los árboles y las mesitas oxidadas del bar-restaurante con varios parroquianos tomando pastís. Es un dos estrellas, modesto pero atractivo. Si no vas en AC, merece la pena pasar una noche.

Saliendo de Alet-les-Bains nos detenemos junto al río para tratar de hacer hidro-speed o canoa kayac, pero ya es demasiado tarde (son las seis y cierran el tenderete a las 5 así que enfilamos hacia Carcasona. Después de algunas vueltas encontramos el Camping de la Cité y nos instalamos. Es un buen establecimiento, con parcelas separadas por setos y servicios sanitarios repartidos por diferentes puntos, con pistas deportivas, guardería y animación. Cenamos en el bar del camping y pasamos el rato participando en diferentes juegos que propone la animadora. Aunque no siempre les entendemos, nos dejan hacer trampa y nos lo pasamos bien.

Día 3

La Cité de Carcassonne es un hervidero de turistas, como siempre. Restaurantes, puestos de comida rápida, tiendas de artesanía y souvenirs, heladerías y hotelitos atiborran cada metro cuadrado. Sin mayor alternativa, nos sumamos a la marea humana que deambula por las estrechas calles. La ciudad fue restaurada, más bien rehecha, por Viollet le Duc a medados del siglo XIX y ciertamente se pasó. Le Duc era experto en arquitectura gótica, así que restauró los edificios basándose en el estilo y siguiendo su propio criterio. Verdadera o no, con el tiempo Carcassonne se ha convertido en el referente de ciudad medieval, y por eso la gente acude en tropel.

Hicimos todos los tópicos: paseo en trenecito por las murallas, fotos delante del castillo, degustación de oreilletes (orejones de harina fritos) y del cassoulet… Para completar la escena, a las 15:00 asistimos a un torneo medieval; caía un sol de justicia, por lo que caballos y caballeros sudaban la gota gorda, pero lo hacían bien y nos divertimos.

Al acabar fuimos a una granja para pasar la noche. Antes de iniciar el viaje nos habíamos inscrito a France Passion, una asociación fundada por granjeros y vinateros dedicada a potenciar el turismo rural y que ofrece gratuitamente lugares atractivos donde pernoctar con tu AC cerca de la granja. No son campings, No te proporcionan conexión eléctrica ni sumidero para vaciar el wc químico ni áreas de recreo, aunque suelen poner a disposición del visitante un lavabo, agua potable y vertedero de basuras. Pero te permiten conocer en directo la vida en la granja, colaborar si te apetece en las tareas y degustar (y comprar si quieres) los productos que elaboran, generalmente frutas y hortalizas, vinos, quesos o patés a precios muy interesantes. En algunos casos disponen de restaurante e incluso de alojamiento, pero son los menos. La inscripción anual cuesta 29€, y a cambio te envían una gruesa guía, un mapa con la ubicación de los puntos y una pegatina para colocar en la luna de la AC. Se puede consultar en http://www.france-passion.com/. La granja que escogimos estaba en el culo del mundo, pero el GPS nos llevó directamente. Cuando llegamos nos salió al encuentro un señor muy amable que nos saludó y nos acompaño hasta un pequeño bosque a un centenar de metros de la granja, desde el que se dominaba un valle plantado de viñas. Sin papeles ni protocolo de ningún tipo. Fue un verdadero placer sacar las bicicletas y pasear entre viñedos mientras se iba poniendo el sol, para cenar luego en medio del silencio del campo.

Día 4

Albí nos espera. Llegamos a media mañana y dejamos la AC en pleno centro, a pocos pasos de la catedral, que es impresionante. A diferencia de lo habitual, está construida íntegramente en ladrillo, lo que obligó para su construcción al empleo de enormes contrafuertes con aspecto de torres macizas adosadas a los muros, que la asemejan a una fortaleza militar. Para contrarrestar, el pórtico está labrado en piedra en estilo gótico flamígero, imitando un baldaquino. La sobriedad exterior se transforma en profusión decorativa por el interior. Todos los muros están recubiertos con pinturas al fresco realizadas por artistas italianos renacentistas. El coro, con esculturas finamente labradas en piedra, te deja sin habla. Empiezas haciendo fotos, y al poco apagas la cámara y te dedicas a mirar con la boca abierta. Solo por ver esto vale la pena el viaje.

Al salir de la catedral Denisa da saltos de alegría: están celebrando lo que llaman el Urban festival, varios días de exhibiciones de skate, bike, hip hop, street dance, jazz-rock, juegos gratuitos y degustaciones, que hacen siempre a finales a finales de agosto. La dejamos sentada en una grada viendo como dan volteretas en el aire con las bicicletas y nos colamos en el Museo Toulouse-Lautrec, que era de aquí mismo. El museo ocupa parte del Palacio episcopal y ha sido recientemente remodelado. La colección exhibida no es enorme, pero si muy representativa del artista y con piezas destacadas. Merece la visita.

Callejeando nos acercamos hasta la orilla del Tarn y nos montamos en una gabarra que nos da un paseo entre los tres puentes de la ciudad. Luego nos vamos al camping Allée (Camping Caravaning du Languedoc). No es gran cosa, pero es el único que hay. Como cierran temprano, una vez instalados nos volvemos a pie hasta el centro para ver el concierto de hip hop. Un poco soso, la verdad. Finalmente es la propia Denisa la que decide que demos una vuelta y regresemos a la AC. Es un buen paseo, por lo que llegamos cansados y cogemos la cama con ganas. El precio del camping 24€.

Día 5

Penetrando en el valle del Tarn, llegamos a Cordes-sur-ciel. Una joya de bastida medieval encaramada a una montaña, con cinco recintos fortificados producto de las sucesivas ampliaciones. Las calles están muy empinadas, por lo que vale la pena tomar el trenecito para subir y luego descender paseando. Luego visitamos Bruniquel, otra joya, pero ésta sin turistas. Un pueblecito de calles estrechas y empinadas con dos castillos en la parte alta. Denisa aprovechó para hacer sus pinitos como fotógrafa, y no lo hizo mal.



En Montauban no había camping ni destinos de France Passion, así que dormimos en un pequeño pueblo algo más al norte, Molière, en el Camping Le Malivert, instalado junto a un Centro de recreo que incluía pistas deportivas y un pequeño lago. El centro estaba ya cerrado y el camping casi, pues apenas había otros tres vecinos. Daba una sensación un poco extraña, pero las instalaciones eran muy correctas y el precio sorprendente: 10’50 € (sin electricidad, pues teníamos las baterías a tope). Cenamos en la AC y nos fuimos a dormir con fresquito.

Día 6

Visita al monasterio de Moissac, del que sólo se conserva el claustro y la iglesia. El convento se fundó en el siglo VIII y tuvo un desarrollo importante a partir de su vinculación con el de Cluny en el XIV. osteriormente sufrió varios pillajes durante la Guerra de los Cien años y las guerras de religión. Con la Revolución quedó abandonado y medio siglo después estuvo a punto de ser demolido para facilitar el trazado de una vía férrea  (que, en efecto, discurre a escasos metros): el claustro se salvó, pero la mayor parte del monasterio sucumbió en nombre del progreso El claustro pasa por ser el más bello de Francia. Realmente es impresionante, con más de setenta capiteles con escenas bíblicas, martirologios y motivos vegetales. La iglesia no destaca por su interior, pero su portada es magnífica, con relieves del Juicio Final presididos por un Cristo en majestad.

 




Como se hacia tarde, comimos en la AC en un jardín cercano al convento. Decidimos ir a Montauban por la autopista de peaje para llegar antes. La ciudad tiene poco que ver (excepción hecha del Museo Ingres) y menos un domingo por la tarde, así que salimos hacia Cahors. Llegamos a primera hora de la tarde. Cahors es una ciudad asentada junto a un meandro del rió Lot, un recodo tan cerrado que es casi una isla, lo que hace de la villa y de su puente un enclave estratégico que ha sido muy disputado a lo largo de la historia. La parte vieja de la ciudad bonita, pero sin exagerar: la catedral tiene un hermoso pórtico gótico, pero el interior carece de decoración, seguramente por el cambio al credo protestante. En cambio, el puente medieval (Pont Valentré) es impresionante. Si vas en AC vale la pena aparcar en el parking de l’Amphithéâtre, que está al centro de la ciudad, y visitar primero el puente. Desde ahí puedes dar un paseo fluvial en barco o adentrarte en la parte vieja. Desde lo alto del puente vimos a otros compatriotas que estaban haciendo un viaje similar al nuestro pero en gabarra, abriendo y cerrando las compuertas del río.



A las 19:30 salimos hacia Saint-Cirq Lapopin y nos instalamos en el Camping de la Plage, un buen camping situado en la orilla del Lot, que cuenta con centro de piragüismo y zonas de recreo con trampolines, mesas de pin-pong, canasta de básquet y pista de voleibol. Denisa se divirtió de lo lindo saltando en el trampolín. Cenamos en el bar del camping las especialidades locales a base de pato y nos fuimos a dormir. Pasamos algo de frío.

Día 7

Vaciamos los depósitos de la AC, recargamos y pagamos (24’50€, incluyendo toma eléctrica). Visita a Saint-Cirq Lapopin, un pueblo precioso (un cartel a la entrada lo presenta como Un de plus beaux villages de France) colgado de un precipicio sobre un desfiladero del Lot. Las calles parecen sacadas de la edad media. La “ambientaciòn” está muy cuidada y abundan los hotelitos y chambres d’hôtes con encanto, así como los restaurantes y las tiendas de artesanía. Con todo, no está abrumadoramente lleno de turistas. Hay guiris, pero no agobian. El pueblo merece por si mismo una estancia de un par de días, pues además hay bastantes puntos de interés en los alrededores. Uno de ellos es la Gruta de Pech-Merle, una de las joyas del arte prehistórico. Salimos hacia allí a las 13:00 y llegamos en media hora después de pasar por varios túneles por los que pasamos justito. En la zona hay más de una docena de grutas con pinturas del paleolítico superior, pero Pech-Merle es la más importante, por lo que han ubicado allí el Centre de la Préhistoire. La gruta es muy vasta (más de 10 km de galerías) por lo que han preparado un recorrido guiado que te lleva a ver los paneles pintados más destacados.

Después de la comida salimos hacia Rocamadour siguiendo el valle del Lot, lo que nos lleva a atravesar el Parque Natural Regional du Quercy. Rocamadour debe su nombre a las reliquias de Amadour, un eremita cuyo cuerpo intacto encontraron los monjes en el interior del santuario mariano, allá por el año 1166. Pero la fama del templo le viene de su virgen negra, que durante siglos ha atraído peregrinos de todos los países, entre ellos reyes, obispos y nobles. Al calor del santuario se fue desarrollando una villa que se ha convertido en una de las más turísticas de Francia. Es casi imposible aparcar en el  pueblo, por lo que vale la pena dejar la AC en el parking del santuario y descender a pie hasta llegar a la población. es de ella se puede volver a subir en ascensor. A probar el queso de cabra que hacen en la comarca. Esa noche paramos en el Camping des Chénes, un establecimiento correcto pero que está a punto de cerrar por final de estación, por lo que la mitad de las instalaciones están fuera de servicio.

Día 8

Amanece con el cielo plomizo. Esa mañana tenemos intención de visitar la Gruta de Padirac,una gran sima con más de 40 km de galerías, lugar de referencia para los amantes de la espeleología, pero que se ha convertido sobretodo en una atracción turística de masas. Hay una larga cola de personas que esperar estoicamente su turno bajo la llovizna. Para llegar hasta el fondo hay que tomar dos ascensores y bajar un buen número de escalones. Una vez abajo, nueva cola para embarcar en alguno de los botes con los que se recorre un tramo del río subterráneo, luego sigue un paseo a pie para admirar las formaciones kársticas y de nuevo al bote para regresar al punto de partida. Aunque no hay pinturas rupestres, los guías-bateleros conocen su oficio y la excusión de hace amena y hasta divertida.

A la salida de la cueva la lluvia arrecia, por lo que comemos en uno de los restaurantes turísticos del lugar (si es posible, evitar) y enfilamos hacia Sarlat, en Perigord, última etapa de nuestro viaje. Llegamos cuando empieza a caer la tarde y buscamos acomodo en el  Camping Les Periéres, un establecimiento magnífico, que dispone, entre otros servicios, de piscina cubierta climatizada y sauna (35 € todo incluido). Los últimos rayos de luz nos encuentran chapoteando en la cálida agua de la piscina. Un placer.

Día 9

A primera hora tomo la bicicleta y bajo a Sarlat a por croissants. Después de desayunar, levantamos el campamento y nos dirigimos al pueblo con la AC. Es día de mercado, por lo que se hace difícil aparcar. Finalmente lo conseguimos a las afueras, en la zona comercial que hay junto a la Avda. del Gral. de Gaulle. La ciudad es bonita, pero más que en los edificios, preferimos centrarnos en los puestos del mercado, donde abunda la artesanía, el vino, los quesos, los embutidos y patés.

Bien provistos de suministros enfilamos nuestros pasos hacia el sur. Comemos en Beynac-et-Cazenac un precioso pueblo medieval a orillas del Dordogne. Posee un castillo espectacular y un Parque de la Prehistoria. No disponemos de tiempo para verlo todo, por lo que nos decantamos por la segunda opción. Estamos en el corazón de la prehistoria europea, donde se han producido algunos de los principales hallazgos del paleolítico. Sin embargo, el Parque de Beynat no es propiamente un yacimiento, sino un espacio tematizado con absoluto rigor. Ha conocido tiempos mejores, pero aún así merece la pena la visita. Se pueden contemplar unas espléndidas recreaciones de viviendas desde el neolítico a la edad del hierro, y hay demostraciones de talla de silex y de alfarería. Cuando finalizamos la visita comprobamos que ya es tarde para llegar a España esa noche, como era nuestra primera intención. Decidimos tomar la A20 y bajar tanto como sea posible. Hacemos noche en Pamiers, en el Camping L’Apamée, que no está muy bien: los lavabos están tomados por una plaga de mosquitos gigantes y el lugar está desolado. No importa, sólo pretendemos dormir.

Día 10

Tomamos la decisión errónea de entrar a España por Andorra. Equivocada por el rodeo, por las curvas y por los atascos que debemos aguantar a lo largo de las obras que se van encadenando en el trayecto. Cansados, al final apenas nos detenemos en Andorra la Vella unos minutos para comprobar lo mucho que está transformando el turismo y la especulación a la ciudad. Tras el control de aduanas, que el miembro de la Benemérita se empeña en realizar a conciencia, paramos a comer en la Seu d’Urgell, y desde ahí, de un tirón, hasta Torrent, fin de nuestro viaje.

Valoración. Muy positiva. Occitania y el Perigord son el paraíso de los autocaravanistas. Todo lo tienes a favor: paisajes muy bellos, buenas carreteras, buenos (y baratos) campings, opciones alternativas de alojamientos y numerosos municipios que ponen a disposición puntos para vaciar los depósitos y recargar agua.

    

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