Recientemente hemos iniciado una colaboración con la empresa Ibérica 2000. Fruto de ello nace este
apasionante relato, en que el por medio de una autocaravana, recorrieron algunos de los parajes más emblemáticos de Valencia.
La Comarca de la Valldigna tiene muchos puntos interesantes que visitar. Necesitamos diversos días
para conocer un poco por encima estos parajes. Y Alzira en la Comarca de La Ribera, esconde el paisaje de La Barraca de Aigües Vives, el Barranc de la Casella y el
Monestir de La Murta. Un conjunto de rutas que envuelven al excursionista y al montañero en un abanico de gratas posibilidades.

La Sèquia de la Bova, hacia Xeraco merece ser recorrida con unos buenos prismáticos y una completa
guía de aves. La desembocadura del ríu Vaca, esconde numerosa fauna, entre cañizos. Desde nuestra ventana, bien orientada, podemos ser testigos de cada
movimiento.
El Estany de Cullera también es uno de los lienzos que no podemos perdernos cercanos a La Valldigna,
en uno de los rincones desconocidos para los no-residentes, pero con un escenario indiscutible de tranquilidad para pernoctar. Todo un lujo para los aficionados a
la pesca, para los que miramos como pescan y para los amantes de las aves acuáticas. Aquí, casi se pueden tocar...
Seguiremos entre caminos y entre naranjos por las faldas del Castell de la Reina Mora o de Marinyent
-al que hay que entrar adrede- hacia el Racó de la Fontarda en la Umbría, Ermita de Xàra y Monestir de Nuestra Señora de la Valldigna en Simat. Sin dejar de visitar la
Font Gran de Simat como afluencia geológica de interés, por estar conectadas sus aguas con el Avenc de la Doncella en el Plá de Barx, a 300 metros más arriba
en las montañas.
Todo un montón de trabajos subterráneos en los años 80, de la mano del Grupo de espeleología
"Comando" provenientes de la capital valenciana, pudo descubrir la conexión entre ambos puntos, coloreando las aguas con polvos de fluoresceína a la entrada del Polje
de Barx, "el Avenc de La Doncella". Un mundo subterráneo de esconde en estos macizos montañosos donde inumerables personas en todos estos años, pasaron días
con sus noches, levantando planos de todas ellas. Sólo en el término municipal de Tavernes, aparecen 90 cavidades catalogadas por el entonces Centro
Excursionista de Tavernes de la Valldigna. En Xeresa y en Xeraco más de 200 de la mano del Centro Excursionista de Gandia. Y en Barx, más de 500, de importancia
considerable en toda la Península, exploradas por numerosos colectivos de la Federación Valenciana de Espeleología.
Desde El Pic de Penyalba en el Macizo del Montduber, podemos contemplar la entrada desde el
Mediterráneo a la Valldigna. Tavernes arropada por el Cim de Les Creus, y al fondo Cullera.

Por la otra vertiente de las últimas estribaciones de la Serra de Les Agulles, haremos una visita al
Mirador frente a la playa de Tavernes, y a la Ermita de San Llorens. Desde aquí, subidas a Pic de les Creus, La Sangonera, Font del Barber, etc. Rutas por el
interior del Massalari, hasta la Font de la Granata.
Y después, pasaremos a la Comarca de la Ribera. De Alzira al Barrac de la Casella mirando de reojo la
ermita de Ntra. Sra. De los Desamparados, y al Valle del Monestir de la Murta.

Las últimas estribaciones de la Serra de Les Agulles, esconden rutas apasionantes, que descubren
vistas muy distintas. El Pic de les Tres Creus, la Font de la Sangonera y el Plá del Barber. Picos que destacan sobre los campos de arroz, como el Puntal del
Massalari y el Pic de la Ratlla.
Nuestra salida la podemos realizar desde la Población de Tavernes. Tenemos diversas
rutas que se nos ofrecen, tanto a pie como en bicicleta. Un buen punto para pernoctar es el paraje del Clot de la Font. Donde tenemos
agua, y barbacoas para encender fuego en épocas permitidas.
Desde la auto caravana, estamos bien protegidos y bien avituallados, incluso
contra el invierno húmedo de estos contornos. Tomamos notas y saboreamos el café matutino mientras revisamos las grabaciones
de sonidos de anoche, en estos lugares escondidos de Alzira. Noches que hemos permanecido a la escucha con los oidos bien
atentos, permaneciendo al acecho para escuchar a los duendes nocturnos y a los cerdos salvajes, que aquí abundan, viviendo y
sobreviviendo a sus anchas...
Tras de sí, una torre en serio deterioro, arcadas a punto de desprenderse, y tirantes
de acero que aguantan sobre el barranco las débiles paredes que claman escritas en la historia de la Comarca. Un lugar donde los frailes
aquellos, supieron elegir su ubicación, en un vallecito recogido, escondido, de frondosas huertas rodeado, alimentado de aguas que brotan de
sus paredes rocosas más altas, que son encauzadas por artesanos canales de teja hasta sus balsas.
Balsas de agua cristalina donde reposar al sol del invierno, donde el ruido de las aguas
ensordecen los demás sonidos de la naturaleza. Donde las carpas de colores, envejecen sin molestias. Los mirlos, las currucas, las palomas
torcaces y las huellas de los jabalíes, siembran el entorno frondoso de suspiros de naturaleza viva. Unas neveras escondidas entre
caminos de abundante matorral, deleitarán la visita de cualquier caminante.
En 30 años este paraje se ha mantenido del deterioro, se han aguantado los
sostenes del derrumbamiento, pero se ha apartado al visitante de gozar de cultura, de una más intensa participación ciudadana donde disfrutar de
exposiciones activas y del entorno, de más monitores que le explicasen los secretos guardados de esta parte del planeta, de su vegetación
más endémica y de su fauna silenciosa, que no se ve a simple vista, a la que hay que esperar, escuchar con paciencia e interpretarla.
Los sonidos del Cárabo inundan aquí las noches.
Refugios forestales poco empleados que no han sido restaurados con esmero desde
hace muchos años, sólo vallados y señalizaciones se ven como novedades. Caminos que se pierden entre el túpido matorral, y que los hacen
casi intransitables. Pinares que no han sido tratados, ni sus ramas bajas cortadas para empujar su crecimiento.
Noches repletas de sonidos entre la maleza, de hojarasca removida que cruje, de
silbidos de viento que susurra por las laderas de pinares, de correrías que se oyen a altas horas de la madrugada, de manadas de jabalíes, que
buscan y rebuscan alimento entre escondidos pasos y barrancadas.

Una herramienta como esta nos facilita cómodamente la permanencia en los
parajes para escuchar, observar y gravar con nuestros pesados equipos de vídeo. Hace tan solo 25 años usamos las tiendas de campaña
junto al calor del fuego incluso en los meses de fuerte frío; para ver a los zorzales volar al amanecer y a los Pitos reales
relinchar a lo lejos. Para hacer fotos a los autillos, para preparar los descensos y explorar numerosas simas. Dificil era imaginar en aquel
entonces, que hasta estos parajes pudiesemos venir provistos de ordenadores conectados a Internet.
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